El otro día tuvimos en la empresa un fantabuloso simulacro, de esos de evacuar el edificio y pasar el rato de cháchara en la calle. La verdad es que encima me toca ser un “técnico de evacuación”, ya ves tu tamaño honor con lo cual, y teniendo en cuenta que estoy entrenado para vaciar un 747 en menos de 90 segundos, la cosa fue como rapidita.
Pero el tema es la utilidad de estos “ejercicios”, esta claro que el hecho de simular algo facilita enormemente el enfrentarte a ello pero, la cuestión es si el hecho de la propia simulación puede generar una sensación de confianza que sea contraproducente a la hora de la verdad.
Por que claro, por muy bien que te hayas preparado las escena mentalmente, a la hora de la verdad pasas de ser Giacomo a Woody sin saber cómo.


